viernes, 10 de julio de 2015

Pensamientos de un Sociopata I: Madre

I. Madre 

Me encuentro en mi habitación, recostado sobre mi cama y mirando hacía el techo. Estoy aburrido, no sé que hacer para sacarme esta aburrición que me fatiga. 

De pronto, se viene un idea a mi cabeza una idea macabra, moralmente espeluznante, una idea que atemorizaría a cualquier persona correcta, o que se haga sentir correcta; y es que, en lo más profundo de mi cabeza, de mis pensamientos me encuentro en casa, en una tarde de abril, el calor me pega y mi cuerpo y sudo mucho. En la cocina esta mi madre, una mujer mayor de no más de sesenta años, prepara la comida y yo sólo estoy sentado observándola. 

Observo sus manos (pecosas por la edad) tomar las verduras y cortarlas suavemente en pequeños trozos a manera de cubos, parece que prepara una especie de caldo, y es en este momento cuando surge mi idea, esa idea tan horripilante que socialmente me costaría el repudio moral de las personas, y es que pienso ¿qué pasaría si asesino a mi madre y la cocino? Si, es una pregunta poco común y con un significado que cualquier persona tomaría como algo horrible y hasta degenerado. 


Pero eso no me quita la inquietud, imagino aquél cuchillo (con el cual corto las verduras en perfecta forma) enterrado en su espalda ya adolorida por la edad, sus ropas llenas de color rojo producto del desangre que sufriría; tal vez no me diría nada, ya que su impresión y su edad harían que quizás le diera un ataque al corazón y eso acabaría con su agonía. 

Su cuerpo, tendido en el suelo en medio de ese charco pegajoso producto de su cuerpo la mancharía toda, la desnudo completamente y subo su cuerpo a la mesa de la cocina, me pongo unos guantes y con las tijeras para cortar carne voy diseccionando finamente cada parte de su cuerpo, empiezo por las piernas, las corto y les retiro la piel para dejar expuestos sus músculos y parte de sus huesos, separo los pies de sus tobillos y los pongo a cocer en una cacerola a fuego lento.

Sigo con su pelvis, una de las partes más enigmáticas de las mujeres, la abro intrigado por su interior, veo su útero, es una cosa fascinante, roja, muy roja se ve, me quito los guantes y lo toco, es pegajoso, tiene una textura simple y lisa. 

Su pelvis y su matriz las usaré para el postre, creo que es lo que mejor quedaría acorde al platillo. 

Tomo su estomago y lo abro por la mitad, sus intestinos huelen rancio, huelen a excremento, a descompresión, así, que decido lavarlos  por fuera y por dentro, quedan tan limpios, tan blancos, los pongo a un lado y relleno su estomago con esas finas verduras que ella había cortado, ya que está lleno, lo coso con hilo y lo pongo a hervir en la misa cazuela donde reposan sus pies. 

Su senos, ya caídos por la edad parecen bolsas aguadas, me provocan asco, así que los remuevo del pecho y los tiro como se tira el pellejo del animal que no es algo dichoso por comer. 

Llego a su pecho y parte de su cuello, los separó y remuevo toda la carne, los huesos los deposito en un cesto que previamente había yo dispuesto para ello, toda esa carne la pongo en la misma cazuela, todo lo rico esta ahí, compartiendo su jugo y sus esencias para que el platillo quede excelente. 

Tomo la cabeza de mi madre, la cual goza de una expresión de tristeza, ¡No estés triste madre! Yo he cocinado algo muy rico para ti.

Dejo que todo se termine de hervir, mientras, tomo su cabeza y la subo a su cuarto, la maquillo, la peino, la pongo bonita por que tenemos una cena especial esta noche; ya que esta arreglada, yo me dirijo a mi habitación y me arreglo para la cena excepcional de esta noche. Me pongo guapo, me peino y me arreglo lo mejor que puedo. 

Listo para la cena, tomo la cabeza de mi madre y mutuamente nos acompañamos a la cocina, coloco su cabeza en su asiento, le abro los ojos y le abro la boca. Saco de la cazuela el suculento platillo, huele exquisito, con unas pinzas tomo el estómago previamente cocido y lo sirvo en medio de la mesa, con unas tijeras corto el hilo y le sirvo una porción a mi madre, espero que le guste, lo he preparado con mucho amor para ella. 

¡No te llenes aún madre! Falta el postre, el cual he cocinado siguiendo la receta de un pastel que originalmente era de chocolate, pero le he dado mi toque especial. Así, mi madre no puede decir que no la amo, le he cocinado y bueno, a ella le tocara lavar los platos. 



El Amor es...

El Amor es Dolor
El Amor es Arte
El Amor es Dulce
El Amor es insensible
El Amor es Soledad
El Amor es Irreal
El Amor es Sueños
El Amor es inquebrantable 
El Amor es Hermoso
El Amor es Miedo
El Amor es Sensible 
El Amor es Mujer
El Amor es Hombre
El Amor es Palabra
El Amor es Animal 
El Amor es Invención
El Amor es Subjetivo

El Amor es...Humano