viernes, 9 de octubre de 2015

El Dilema del Erizo

Las personas, los seres humanos somos un especie fascinante, nos encanta involucrarnos entre nosotros mismos, sentir, pensar en otras personas y eso, eso no hace débiles, vulnerables, pero a la vez, nos hace más sabios.

Dicen que la vida es para vivirse, que es mejor no arrepentirse de nada, pero pienso, ¿es esto verdad? Lo comparo con las enfermedades, no te vasa enfermar a propósito sólo para crecer y experimentar como individuo, eso sería insensato, sería irracional. Así, las relaciones humanas, Schopenhauer ya lo decía, los seres humanos somos como los erizos, sufrimos de la terrible necesidad de estar los unos cercas de los otros con tal de no morir de frío, pero, si nos acercamos demasiado, terminaremos lastimándonos entre nosotros, y no es un dolor fácil de quitar, ya que, el dolor emocional es intangible, no es como el físico, que de a poco y con una receta se quita, el dolor emocional marca, penetra en el espíritu y le hace una gran marca, algo que te hace recordar lo que es y el por que esta ahí.  

Es por eso que para crecer de manera más intelectual y superar las limitaciones que nos imponen lo carnal y emocional, es necesario deshacerse de estas, aprender a estar solos, hacer y lograr que los que otros hagan no nos afecte emocionalmente a nosotros, al lograr esto, se logrará un gran avance en le sentido crítico, pues, muchas veces, los pensamientos y las palabras van ligadas de las emociones, es por eso que las cosas que dicen las personas son cambiantes dependiendo del estado de ánimo en le que se encuentran. 

El dolor emocional que puede llegar a sentir una persona puede ser tan grande y tan profundo que marcará a la persona de una manera de por vida, cuando se come algo amargo y se es de gustos dulces, no se queda el gusto o las ganas de volver a probarlo, las relaciones son así, una vez que hieren, que rasgan y que atormentan el alma, es muy difícil que estás actitudes cambien.