"Mantenía los ojos cerrados, pero advertí
con un escalofrío de horror que los movía bajo los párpados, como si, en la
muerte, soñara", espantado y lleno de sudor frío abrí los ojos y observe mi
habitación, era oscura, sólo iluminada por la tenue luz de la luna que entraba
por la ventana. Me senté en la orilla de mi cama, cuando de la nada, una risa
tímida llamo mi mirada, observé con quietud el rincón de dónde provenía aquella
tímida voz, así, logre mirar a una niña
pequeña, la poca luz del lugar no me permitía ver más allá de su silueta,
pequeña y de aspecto de no más de seis años, permanecía en el rincón de mi
habitación; la noche, fría y en calma me producía una sensación de paz, paz que
se veía interrumpida por esa extraña presencia, no sentía miedo, no era la
sensación que ella me producía.
Con cautela me levante y me dirigí hacía
aquella niña, no se movía, así, que lentamente acerque una de mis manos hacía
lo que parecía su cabeza; era muy pequeña, vestía con un hermoso vestido negro,
cabello peinado de forma elegante, parecía sacada de una fiesta de esas que
presentan en las películas de épocas antiguas, no decía nada, le pregunte su
nombre:
-¿Cómo te llamas pequeña y cómo llegaste
aquí?
-...
-¿Por dónde entraste? ¿En dónde están tus
padres?
-Mis padres los he perdido, no sé en donde
se encuentran.
-Bueno, pues dime cómo te llamas y con
gusto te ayudaré a llegar a casa.
-Me llamo Isabel, y no sé más que eso.
-Está bien, llamaremos a la policía y
ellos sabrán cómo ayudarte.
Encendí la luz, y lo que pude ver fue algo
que me asombro mucho, era una niña hermosa, se parecía a esas muñecas de
porcelana de colección, piel muy blanca, ojos grandes y de color azul, cabello
castaño adornado con un moño negro, su vestido, de un hermoso vestido negro con
holanes que lo adornaban en la parte del final que cubría sus tobillos,
zapatillas negras que parecían ser muy caras. Aquella niña era adorable,
parecía sacada de un cuento de princesas.
Tímidamente le pedí que me diera la mano
para que bajáramos a la sala, y así, que ella se sentará mientras yo llamaba a
la policía, ella accedió y así fue, llegamos a la sala, se sentó en el sofá y
mientras bebía un vaso de leche tibia llame a la estación de policía, nadie me
contestaba, era raro, es un número de emergencia y el que no atendieran me parecía
de lo más desobligado, ya que no contestaban, tome las llaves de mi auto y le
dije a la pequeña Isabel que iríamos a la estación, que allí probablemente le
dirían el paradero de sus padres, ella asintió con la cabeza y sin más salimos
de mi casa rumbo a la estación.
Eran cerca de las dos de la mañana, y la
carretera estaba oscura, sólo la iluminaba la luz natural de la luna, una
hermosa y enorme luna de Octubre, Isabel iba en el asiento trasero, para hacer
el viaje más ameno, quise platicar y saber un poco más de ella.
-¿Entonces no sabes cómo llegaste a mi
casa?
-No, no lo sé.
-Es raro, digo, no todas las noches te
encuentras con una niña en un rincón de tu habitación.
-No recuerdo nada, sólo sé que de un
momento a otro estaba parada ahí.
-Si, a mí también me ha parecido muy
extraño.
-Me duelen mis pechos, siento como si me
hubieran mordido.
-¿En serio? Déjame ver, espero que no te
haya pasado nada malo.
Isabel aflojo su vestido y dejo al
descubierto sus pechos, orille el auto para revisarla, al mirar su piel pude
notar que había marcas de dientes en ellos, sus pezones estaban rojos e
irritados, se podía ver que de ellos habría brotado sangre hace poco.
-¿Quién te hizo esto?
-No sé, ya te dije que no recuerdo nada.
Tome sus pechos y delicadamente los toque
para ver qué tan graves eran las heridas, las mordidas eran poco profundas,
pude ver que habían sido hechas por un adulto, ¿Es acaso que la pequeña niña
era víctima de abuso? La intriga y la preocupación me carcomían, así que rápidamente
me devolvía al asiento del conductor y seguí el camino hacia la estación.
-¿Te gustó tocarme los pechos verdad? -La
voz de Isabel cambió, paso de ser dulce y tierna a una voz más aguda, y
más...tenebrosa.-
-¡¿De qué estás hablando?!
-Sí, te excitó tocar mi piel, tocar mis
pequeños pechos.
Su cara había cambiado por completo, ahora
tenía una cara que explayaba interés, aquella niña tierna había cambiado, ahora
parecía una mujer, tenía la actitud de una mujer, decía cosas que sólo los
adultos conocemos.
-¿Qué pasa? ¿Ya no crees que soy tierna?
¿Ya no te gustó?
Se desabrochó el cinturón y se pasó al
lado del copiloto, una vez ahí, empezó a hacer comentarios alusivos al sexo, yo
me sentía anonadado, ¿Cómo era posible algo como esto? ¡¿Qué carajos estaba
ocurriendo?! No sabía cómo reaccionar ante esta situación, así que orille el
auto y me baje para plantearme aquella situación.
Isabel hablo:
-Ven, tengamos sexo en este momento, en
este lugar, sé que te encanta hacerlo con niñas como yo, que son hermosas e
indefensas, ven papi, tómame como lo hiciste con tu última hija.
-¡¿De qué mierdas me estás hablando?! Yo
nunca he hecho tal cosa, estás loca.
-Por favor, no finjas, no tienes que
mentirme, yo lo sé todo, sé cómo en una noche tan hermosa como esta, entraste a
la habitación de la pequeña Sofía y la violaste sin piedad hasta matarla.
-Eso, eso no es verdad ¡cállate!
-Deja de engañarte, por eso vives solo, tu
esposa te dejo, tu familia te olvido y ahora sólo te queda el recuerdo de lo
una vez fuiste. Declarado mentalmente incompetente, pff, que patético. Tuviste
suerte de que no te enviarán a prisión, un acto tan atroz como ese, ¿en qué
estabas pensando?
-¿Cómo lo sabes? ¡¿Cómo sabes lo que paso?
¡¿Quién mierdas eres?
-Soy algo así como tu conciencia, hoy te
haré pagar por lo que hiciste.
-Yo no quería, ¡fue un error! Las personas
cometemos errores, y yo he vivido arrepentido de eso desde aquel día, no pensé
que fuera a morir, sólo quería darle mi amor.
-El arrepentimiento no es
suficiente...papi.
Isabel tomo una rama del suelo y sin
pensarlo la clavo en los genitales de aquel hombre, este, dio un desgarrado
grito de dolor y cayo tendido en el suelo, sin poder moverse, sintiendo un
enorme dolor y miedo.
-Descuida papi, ahora si pagarás por lo
que hiciste, considérame tu libertadora, ya no tendrás que vivir con
remordimiento.
Con su último aliento de vida, aquel
hombre le hablo:
-¿Quién....quién eres?
-Es simple, soy tú, soy tu culpa, tu
remordimiento y ahora tu redención.
