En la noche desperté, sudando tanto como si me hubiera acabado de dar un baño con agua fría, cada gota de sudor escurría de mi cuerpo y caía suavemente sobre el piso haciendo un leve y silencioso sonido sobre el suelo de mi habitación.
Corrí al baño para limpiar todo el sudor que por mi cuerpo abundaba, me miré al espejo que guardaba con recelo mi reflejo, ahí, pude ver un rostro avejentado, con ojeras tan grandes que parecía que me hubieran golpeado los ojos de tan morados y rojizos que estaban. Abrí el grifo de la llave y tome un poco de agua con mi mano, sorbiéndola, mojando mis labios para así tranquilizar mi tan agitado cuerpo por el sobre salto tan reciente del cual había sido victima.
Me miró al espejo y me quedo hipnótico, observando cada aspecto de mi, cada centímetro de mi piel, de mi rostro, cada borde, cicatriz, arruga existente en mi ser, ¿soy de verdad yo? me pregunto; cuando más atento estaba a mi rostro paso algo que me dejo frío, un frío que recorrió mi piel como una punzante navaja penetrando cada parte de mi, eso, lo escuche, escuche una voz que venía desde el interior del espejo.
Aquella suave y susurrante voz que me decía
-¿Quién eres?-Pregunte con la voz entre cortada-
-Soy tú, y tú eres yo, somos nosotros
-¿De qué estás hablando? -Mi voz fue adquiriendo calma-
-Si, verás, soy esa parte de ti que deseas olvidar.
-¿A qué te refieres?
-Sencillo, acepta lo que hiciste, lo que les hiciste a ellas ¿o es acaso que ya lo olvidaste?
-¡¿De qué me hablas?!-Pregunté desesperado-
-Bien, hagamos un recuento de lo que hicimos.
De pronto, todo comenzó e ponerse oscuro, una enorme oscuridad plena, no podía ver ni si quiera el más cercano de mis dedos, en ese momento una luz se encendió en el fondo, esa brillante luz alumbrada con gran intensidad un telón de seda rojo, un rojo bastante intenso y arriba se encontraban las máscaras que se acostumbra poner en el teatro, la riza y la tristeza.
-Eres un maldito asesino-respondió ella-¿por qué lo hiciste?
-Ya te lo dije mi amor, merecía un severo castigo ¿no lo crees?
-No tenías que matarla, ¡eres un monstruo!
-¡Oh ya cierra la boca perra desgraciada! Lo hice por el bien de ella, iba por el mal camino, no podía permitir eso. Ahora mismo lo arreglaremos, vamos mi amor ¡abre las piernas!
Aquel sujeto, mi reflejo, estaba intentando violar a mi esposa, yo no podía hacer nada, mi cuerpo seguía paralizado de pies a cabeza, solo podía acertar a ver ese horrible espectáculo.
-¡Vamos mi amor! Te daré un poco de esto y tendremos otro bonito hijo al que deberás educar bien esta vez, ¡Jajajajaja! -¡Sueltame! Tú no eras así, ¿qué te paso? ¿en dónde quedo ese amado esposo y tierno padre del cual me enamore? ¡Suéltame!¡Monstruo!
-Ya verás, voy a enseñarte a respetarme golfa de quinta, tendrás otro hijo y lo cuidará bien esta vez
Mis ojos estaban incrédulos ante lo que veía, me veía a mi, violando a mi fallecida esposa, ¡¿qué carajos estaba pasando aqui?!
-Ella, casi inconsciente-Vete al carajo, imbécil.
-¿A si? Pues de una buena vez te pondré fin mujerzuela, no mereces ser mi esposa, soy demasiado hombre para ti.
Al terminar de violarla, aquel sujeto tomo una lámpara que había sobre una mesa de noche que estaba junto a ellos y sin más le reventó la lámpara en la cabeza a mi esposa, una y otra vez dejo caer aquel objeto hasta que el rostro de aquella mujer quedo irreconocible, era un enorme charco de sangre.
-¡¿De qué carajos me hablas?! Yo nunca hice algo como eso.
-¿Ah no? Pues recuerdalo mejor mi querido amigo, por que tú mataste y violaste a tus esposa e hija, es divertido recordarlo...para mi. ¡Jajaja!
-¡Estás loco! Yo jamás hice tal cosa!
-Si no lo hiciste dime, ¿qué escindes en el baul bajo tu cama?
-¡Solo son cosas sin valor, nada importante!
-Te reto a que revises, si lo haces, dejaré de molestarte para siempre.
De un shock desperté de ese horrible y aterrador trance en el que estaba cautivo, volví a mi cuarto de baño, estaba parado frente al espejo, lleno de sudor otra vez y con los ojos muy rojos, como si me hubiera caído alcohol o algún liquido irritante.
En el interior de mi cabeza, en lo más recóndito de mi ser, salió una voz llena de gracia y me dijo: Por qué así somos nosotros, merecían ser castigadas. ¡Ajajajajaja!
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