Me encontraba yo en mi habitación, estaba oscura, estaba fría, no sabía que pensar o que hacer. Digo, me sentía muy solo, ¿qué puedo hacer para dejar de sentirme así? No lo sé, doy vueltas a mi pequeño departamento, no gano mucho en el trabajo de obrero, así que no me alcanza para un lugar más lujoso, apenas tengo la suerte de contar con un baño y una pequeña cocina.
Salgo al pasillo, prendo un cigarro y lo fumo lentamente, el fumar es uno de los pocos placeres de mi vida que me hace sentir mejor, escucho como mi vecino le pega a su esposa y a sus dos hijas, es un buen tipo cuando llegas a comprenderlo, me recargo y doy una fumada larga. Mi vecino sale, su playera esta manchada de un color rojo, un rojo viscoso, pero no parece ser que esa sustancia provenga de el, pasa rápido, tan rápido que ni siquiera alcanza a cerrar la puerta de su hogar.
Termino mi cigarro y me dispongo a entrar de nuevo, doy una rápida mirada al interior del departamento de mi vecino, veo a su esposa, tirada en el suelo encima de un gran charco de sangre, sus dos hijas pequeñas están al rededor de ella, sollozan sin parar, son niñas pequeñas, es normal que lloren me digo; no le tomo importancia y entro a mi pequeña habitación, es una noche muy fría, no puedo quejarme, al menos, tengo un techo para que la brisa húmeda del viento no me toque.
Enciendo el televisor, sólo veo basura, programas llenos de gente estúpida haciendo lo que sea para obtener dinero, creo que les llaman "Realitys Shows" lo cual me demuestra que la dignidad de una persona si tiene precio, ¡pero que digo! ¿Yo? ¿Hablando de dignidad? si yo carezco de ella, no hay diferencia entre esas persona y yo, bueno, quizá la única diferencia sería que ellos son conocidos a nivel nacional y yo sólo a nivel local.
Cambio de canal, uno tras otro, todo me fastidia, no hay un sólo programa que me entretenga, no sé como es que las personas pueden entretenerse viendo cosas tan estúpidas como esas.
Me levantó del sillón, voy hacía la ventana, observo como dos hombres acechan a una mujer, he de decir que la zona en donde vivo no es de lo mejor que puedas tener, los hombres se acercan sigilosamente a la pobre mujer que por su aspecto, no debe pasar de los 20 años; la siguen, uno de ellos saca algo de su bolsillo y se acerca a ella, ella pega un grito estremecedor, el otro sujeto le pega en la cabeza dejándola atontada y juntos la toman de los pies y brazos, se la llevan a una camioneta y no vuelvo a ver ni a escuchar nada de la pobre mujer.
Son las dos de la mañana y sigo sin poder dormir, me siento aterrado por mis pensamientos, pienso cosas que siento que no debería pensar, me levantó y me miro al espejo ¿es que acaso ese soy yo? Me miró incrédulo, hoy será una buena noche para no ser yo, si, eso es. Debo hacer algo que me llene por completo, algo que me parezca entretenido, pero ¿qué puedo hacer? Alguien solitario como yo, sin familia ni amigos, ¿qué puedo hacer?
¡Lo tengo! Debería limpiar la ciudad, si, eso es, debería limpiarla de las personas que a mi parecer deberían estar extintas, eso haré definitivamente.
Tomo un cuchillo de la cocina, salgo de mi apartamento, cruzo la calle y voy hacía la camioneta en donde los hombres que vi anteriormente metieron a la pobre chica, doy un par de toquidos, al abrirme el primero le calvo el cuchillo en su garganta, ¡Dios! ¡Jamás me había sentido tan excitado! Vi la sangre correr por su pecho y sus ojos viéndome directamente, pude sentir su dolor, y no hubo cosa que me causara mayor placer que eso.
Le quito el cuchillo y el cae al suelo cubriéndose de un hermoso rojo carmesí, su compañero que estaba encima de la mujer con los pantalones abajo me observa anonadado por lo que acaba de suceder, y sin pensarlo dos veces saca de su pantalón una pequeña navaja, y se tira contra mi, yo lo esquivo y le encajo el cuchillo en su pelvis, justo arriba de su pene, el cuchillo no entro tan fácil, tuve que aplicar mucha fuerza, pero entró y sentí como después del primer empujón la sangre brotaba a chorros, llenandome la mano de esta; el hombre grita, grita de dolor, yo me complazco por escuchar sus gritos. Lo dejo caer encime de si otro compañero que yacía en el suelo muerto, el cae y me jala, pero ya es tarde, se esta desangrando.
Me acerco a la pobre mujer inconsciente, se veía que aquellos dos se habían estado divirtiendo con esa chica, seguía inconsciente, así que la tome y la lleva enfrente de una base de taxis sin que nadie me viera.
Volví a mi hogar, lleno de esa hermosa sustancia viscosa de color rojo, el olor tan embriagador de hacía que me sintiera vivo, al fin había encontrado mi vocación, al fin sabía que hacer con mi aburrida vida. Ahora, mi martillo espera con ansias a mi vecino, aquel buen hombre que me da un espectáculo de gritos féminas toda la noche.

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